La responsabilidad civil en el mundo del deporte


El concepto de responsabilidad civil deportiva aún resulta bastante complejo a día de hoy. La práctica de cualquier deporte implica asumir voluntariamente algunos riesgos, como pueden ser las lesiones durante una competición, y este es un aspecto muy importante que se debe tener en cuenta.

De esta forma, ¿cuándo es necesario responder por los daños a terceros en el ámbito deportivo? Y cuando hablamos de terceros en el contexto del deporte, ¿nos referimos solo a los profesionales involucrados directamente en la práctica deportiva, o el concepto también incluye a los aficionados y organizadores de eventos?

La responsabilidad civil y los riesgos inherentes a la práctica deportiva

En la práctica, el concepto de responsabilidad civil se refiere a la posibilidad de imputar a una persona por las consecuencias ocasionadas por sus actos sobre terceros.

Básicamente, cada persona debe responder por sus acciones en la sociedad y ha de responsabilizarse por la reparación de los daños y perjuicios físicos o morales generados directa o indirectamente a otros individuos.

La responsabilidad civil se aplica a todos los sujetos dotados de derechos y obligaciones; es decir, a las personas mayores de edad que sean capaces de reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Por ello, no es posible imputar a aquellos individuos que se encuadran en la condición de inimputabilidad.

No obstante, la Ley del Deporte de 1990 —Ley 10/1990— entiende que todo deporte entraña un riesgo y el deportista debe estar consciente de que los asume al decidir practicar voluntariamente una disciplina deportiva de forma profesional o amateur.

El boxeo es uno de los deportes de combate olímpicos más tradicionales.

Por lo tanto, todos los deportistas federados que participan de competiciones oficiales de ámbito estatal necesitan contar con un seguro obligatorio deportivo. Las prestaciones mínimas aseguradas se encuentran reguladas mediante el Real Decreto 849/1993, de 4 de junio.

Entonces, ¿cuándo se puede aplicar?

Los actos desarrollados durante un partido o una competición que cumplan con las reglas de juego y las normas éticas del deporte no podrían ser imputados bajo el concepto de responsabilidad civil.

Por ejemplo, no sería posible imputar a un boxeador por llevar su adversario a nocaut dentro de las reglas del boxeo, pues ambos han asumido que este riesgo existía desde antes de subirse a un cuadrilátero.

Otra cuestión que se debe analizar es la de cuándo el causante del daño o perjuicio infringe las reglas del juego o el comportamiento ético que rige la práctica de su disciplina.

En otros términos, la responsabilidad civil en el deporte existirá cuando el daño al tercero o a los terceros no se comprenda entre los riesgos típicos del deporte. De este modo, el daño podría ser resultado de la imprudencia, negligencia o acción intencional del causante de la acción.

Continuando con el ejemplo del boxeador, el deportista podría tener que responder por los daños ocasionados a partir de golpes en regiones no permitidas, cabezazos e infracciones generales a la conducta ética deportiva. Un caso conocido fue la mordida de Mike Tyson, que arrancó un trozo de la oreja de Evander Holyfield.

Además, en los deportes que cuenten con monitores o guías, como el montañismo o el alpinismo, suele existir una responsabilidad contractual para el ejercicio de sus actividades. Fundamentalmente, estos profesionales se comprometen a no ser imprudentes o negligentes, y mucho menos aprovecharse de sus conocimientos para ocasionar daños a terceros.

El trekking es una actividad con muchos beneficios para la salud.

La responsabilidad civil de los organizadores de eventos deportivos

Más allá de los deportistas y los monitores o guías, los organizadores de eventos deportivos también tienen sus obligaciones y responsabilidades civiles en el ejercicio de su actividad profesional.

El ejemplo más evidente es el deber de proveer seguridad tanto a los deportistas y al equipo técnico, como a los aficionados o hinchas que participan de estos espectáculos.

Básicamente, es su deber como organizador asegurar que las instalaciones cuenten con las medidas necesarias para que la práctica deportiva se desarrolle en un entorno seguro, y evitar así daños a todos los participantes. El incumplimiento de esta responsabilidad civil puede conllevar a la obligación de resarcir o reparar al tercero damnificado.

No obstante, también existen excepciones, como es el caso de que el daño sea ocasionado por otro individuo sin que intervinieran el personal o las instalaciones vinculadas al evento deportivo.

Además, no serían aplicables las indemnizaciones o reparaciones por responsabilidad civil cuando se compruebe que el tercero ha ocasionado intencionalmente el accidente o el contexto en el que se produce el daño.

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